Artículos - El Mundo, sus problemas y el cristianismo

El Mundo, sus problemas y el cristianismo.


Por Eduardo Olivares Pérez



artEl mundo, la humanidad, las naciones, a lo largo de los siglos han enfrentado retos y problemas. Es interesante encontrar que en situaciones coyunturales, usualmente han surgido liderazgos –para bien o para mal- que han sido determinantes en cuanto al curso y derrotero de la historia.

En nuestra actualidad, dentro del primer cuarto del siglo 21, a la par de los vertiginosos avances tecnológicos y de la globalización, se padecen problemas diversos que la humanidad y las naciones enfrentan como la pobreza y todo lo que ello conlleva, la desigual distribución de la riqueza, la corrupción política y gubernamental así como también de sectores de la sociedad, el extremismo religioso o político, la contaminación ambiental, el narcotráfico, la desigual calidad de vida de la población, terrorismo y conflictos armados, por mencionar algunos de los más importantes.

En el mundo, estudios serios realizados señalan que el 1% de la población posee el 50% de la riqueza del planeta. El 10% de la población tiene en sus manos casi el 90% de toda la riqueza. El grueso de la población mundial, el 71% de ésta, posee solo el 3% de la riqueza del mundo. Cada país o región puede colectar y preparar su propia cédula de resultados en los diferentes indicadores económicos y sociales. Cada uno tiene problemáticas que en mayor o menor grado les afectan, en especial los países subdesarrollados del llamado tercer mundo.

Si quisiéramos poner un ejemplo, el caso de México es representativo; prácticamente la mitad de su población vive en la pobreza, la distribución de la riqueza además de desigual está brutalmente polarizada, hay muy ricos –muy pocos, entre ellos algunos de los más ricos del mundo- y muy pobres, extremadamente pobres. Padece también el flagelo del narcotráfico y crimen organizado envenenando todo a su paso y usurpando el papel del estado en algunas regiones, además por supuesto de la delincuencia común que sumados vuelven una pesadilla la vida de muchos mexicanos.

En cuanto a la corrupción, ésta campea y predomina en la política, gobiernos, empresariado y en los diferentes sectores de la sociedad, escándalo tras escándalo se puede ver recurrentemente en las noticias. Es evidente la desigualdad económica y social, lo mismo que de oportunidades, así como una deficiente procuración de justicia y un distorsionado estado de derecho que propicia la impunidad, no se diga de los problemas de contaminación y de desarrollo económico.

artSin ninguna duda el mundo, la humanidad, las naciones, tienen potencialidades, sus cosas buenas y positivas. Lamentablemente no se percibe como debiera el actuar e impacto de la gente de bien.

Ante todos estos problemas y a la lectura de la realidad, pareciera que a pocos importa el presente y futuro de su nación, del mundo, afortunadamente hay algunas honrosas excepciones, lamentablemente las menos. La mayoría de los seres humanos están –estamos- ensimismados y absortos en afanes y/o rutinas, sin tener claro un propósito de vida y trascendencia, lo cual provoca miopía, indiferencia, un letargo que lleva a la pasividad y omisión, a ser espectadores mudos y anónimos respecto a lo que sucede en derredor nuestro. Hay algunos que se levantan a señalar, criticar y protestar. Un escaso número son los que proponen, conciben y/o abanderan una visión o iniciativa de cambio en pro de la mejora de condiciones y situaciones.

En cuanto a religiones, los reportes de organismos internacionales señalan que la tercera parte de la población mundial está considerada como cristiana, asumiendo que profesan el cristianismo en sus diversas vertientes o expresiones. Si esa tercera parte de la población mundial abrazara fielmente los principios del cristianismo genuino y bíblico; amor, servicio, solidaridad, justicia, estamos seguros que veríamos y viviríamos una realidad diferente.

Harvey Cox, reconocido teólogo –ya desaparecido- de la Universidad de Harvard, señaló que en el cristianismo se identifican tres diferentes aproximaciones sobre el futuro:

  • Apocalíptica. Fatalismo y el distanciamiento de los quehaceres terrenales. Todo irá de mal en peor, enfoquémonos solo en lo espiritual.
  • Teleológica. Esta perspectiva considera que el universo ha sido diseñado por un ser superior y que todo se mueve de acuerdo a los objetivos y fines señalados por éste. Lo que Dios ya determinó y no hay más.
  • Profética. Noción hebrea del futuro como una posibilidad abierta a la esperanza y responsabilidad del ser humano. De acuerdo a esta última posición, las profecías de los hebreos eran un medio para motivar al pueblo a cambios de conducta, pues planteaban que el futuro podía ser logrado por el hombre, en apego a sus creencias.

La aproximación profética es de suma importancia para quienes nos consideramos cristianos porque define el fundamento de nuestra posición, quehacer y esperanza. Tenemos muchos ejemplos en la Biblia donde Dios expresó una determinación, sin embargo la respuesta del ser humano tenía peso, valor, importancia. En la Biblia en el libro de Jeremías en su capítulo 18 narra la historia del alfarero y el barro, donde hermenéuticamente se puede clarificar que Dios toma en cuenta la decisión y voluntad del ser humano; aun habiendo ya una disposición divina, Dios considera la respuesta del hombre. Traduciendo lo anterior, la Biblia señala que para bien o para mal, podemos intervenir y modificar nuestro destino, nuestra historia.

El futuro de una persona, de su entorno, familia, ciudad, región, estado, país, depende y dependerá de la actitud, del actuar, de la respuesta, artde la intervención del ser humano ante los retos y desafíos dentro del marco de la voluntad y preceptos de Dios. De acuerdo al libro del Génesis, en su capítulo 1:26-28, éste señala que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, diseñados –y con la encomienda- para dominar, señorear, sojuzgar, en otras palabras liderar sobre la creación de Dios, representar al reino de Dios en la tierra. La Biblia refiere también que toda la ley y los profetas se resumen en amar y servir a Dios y al prójimo –y a nosotros mismos- con todo lo que somos.

El mismo Harvey Cox desarrolló la tesis de que la Iglesia es y debe ser ante todo un pueblo de fe y acción, más que una institución puramente etérea y mística. Argumentó que "Dios está muy presente tanto en lo secular como en lo religioso en la realidad de la vida". Lejos de constituirse en una comunidad religiosa enclaustrada, la iglesia debe y tiene que estar a la vanguardia del cambio en la sociedad y el mundo. Cox acuñó frases que cuestionan el status quo como “el conservadurismo intrínseco impide que las iglesias denominacionales dejen sus palacios atrás y entren en la revolución permanente de Dios en la historia”.

La mayoría de las iglesias dentro del cristianismo independientemente de su filiación, pareciera que solo están interesadas en incrementar su membresía, su posición, recursos y posesiones. ¿Y el mandato de ser la sal de la tierra y la luz del mundo?, ¿Quiénes proclamarán y harán tangible el reino de Dios con sus principios y valores en la tierra? ¿Qué de aquello de ejercer nuestros dones, talentos, habilidades y capacidades en servicio de Dios y del prójimo? ¿De qué le serviría al hombre –y a las iglesias- granjearse los tesoros del mundo si pierde su alma?

Ante los problemas del mundo y las naciones, surgen o debieran surgir los cuestionamientos: ¿Qué vamos a hacer respecto a nuestra vida –propósito- y en consecuencia qué vamos a hacer respecto a nuestro entorno? ¿Qué debemos hacer para reflejar el amor de Dios, trascender y dejar huella? Hoy más que nunca se requiere de un cristianismo sensible, comprometido con Dios y su reino, con la humanidad, sociedad, medio ambiente, que refleje el amor de Cristo caracterizado por servir, evangelizar, socorrer a los necesitados, ser ciudadanos ejemplares; distinguido por el trabajo esforzado fomentando el ahorro y la inversión, honestidad -no vicios ni ilícitos-, deseos de superación, responsabilidad, compasión; en resumen aplicar la ética cristiana e interesarse en cambiar para bien el mundo o en hacer algo por él.

Mucho tiene que ver el concepto que se tenga del reino de Dios y del alcance y dimensión concebido del cristianismo. Apremia privilegiar los principios básicos del cristianismo dentro y fuera de la iglesia, instruir a las generaciones para aplicar estos preceptos y se convierta en una ética práctica, impactando las distintas esferas del quehacer humano de tal manera que puedan influir y modelar una nueva y mejor cultura social, económica y política, teniendo como faro inamovible los fundamentos bíblicos.

Urge también desarrollar líderes y liderazgos genuinos que abanderen el cambio positivo, de acuerdo a los dones y talentos de cada persona. artComo cristianos podemos y debemos aspirar a un mundo mejor, más justo, pacífico y con mejores condiciones de vida para las personas, como consecuencia de la proclamación e implantación de los principios bíblicos.

De nada serviría tener iglesias repletas de gente si éstas no aplican los principios del reino ni impactan positivamente su entorno, si no se refleja en la sociedad y mundo el actuar e influencia positiva de los cristianos y del cristianismo. Hay muchos problemas y crisis en el entorno de las personas y de las iglesias, ¿Qué estamos haciendo en lo individual y en lo colectivo para hacer tangible el reino de Dios y mejorar el mundo? Un día el Señor nos pedirá cuentas al respecto, ojalá no seamos hallados faltos ni omisos.



Comentarios sobre el Artículo

Alberto Medina A. dice:

03 de agosto de 2017

Buena reflexión, como para ponermos a meditar y hacer algo al respecto.... gracias...


Antonio Jarquín Garcí­a dice:

03 de agosto de 2017

Los Cristianos deben hacer la diferencia, es vital es necesario.




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