Artículos - Sentido de propósito y una visión compartida

Sentido de propósito y una visión compartida, las verdaderas fuentes de motivación en las organizaciones.


Por Eduardo Olivares Pérez



En ocasiones al dictar conferencias y talleres de liderazgo, me han preguntado cuál es el secreto para motivar a los colaboradores o integrantes de un equipo de trabajo. Sobre este tema deseo compartirles algunas experiencias. Para lograr la motivación genuina y perdurable de los integrantes de una organización, en realidad no existen secretos, aunque hay mucho material desde la perspectiva de la teoría administrativa formulada desde principios del siglo pasado, las condiciones actuales hacen que las teorías tradicionales no sean del todo aplicables ni vigentes.

Por razones de espacio y tiempo no deseo reseñar las aportaciones realizadas por Abraham Maslow, Douglas McGregor, Frederick Herzberg, y otros creadores de corrientes de pensamiento administrativo sobre la motivación, sin embargo desde mi punto de vista aunque suene atrevido afirmarlo, considero que parcialmente las teorías propuestas por estos autores tienen carencias. Por ejemplo, la propuesta hecha por Maslow no concuerda de cierta manera con la realidad y requiere ser contrastada con lo que experimentan los seres humanos al formar parte de un grupo. art9_1

En las organizaciones la fuente de la motivación no radica exclusivamente en el dinero, ni en las condiciones laborales, tampoco en el elogio hacia a los trabajadores. Acoto que no estoy afirmando que estos elementos no sean importantes, sin embargo esto no es el motor principal de la motivación en sus vidas. Lo verdaderamente relevante es lo que toda persona anhela: vivir con un propósito.

Un propósito que tenga un significado transcendental, sobre todo el saber que “vale la pena lo que se hace”, que sienta que forma parte de algo importante, que le mueva a actuar inclusive haciendo sacrificios. A esto le llamo propósito y visión compartida: saber la razón del porqué hacemos lo que hacemos, concebir que nuestro quehacer sirve y beneficia a otros, lo mismo que tener claro en lo individual y colectivo hacia dónde vamos y porqué.

Algunos pudieran argumentar que el dinero es el motivador primario de los integrantes de una organización, sin embargo el dinero por sí solo no es suficiente para motivar a las personas, inclusive puede resultar contraproducente por muchas razones. ¿Qué puede entonces generar un compromiso más profundo que lo económico en las personas? La respuesta es alguna causa, un propósito, un ideal, un objetivo mayor que el hacer dinero, algo más grande que uno mismo. La gente necesita encontrar un sentido a las cosas, que le produzca satisfacción por lo que hace, especialmente por el trabajo bien hecho. Por ello una organización debe estar comprometida con un propósito valioso, más allá de maximizar la riqueza de los accionistas o buscar llenarse de gloria sus directivos.

Un sentido de propósito y una visión compartida pueden ser los catalizadores de la motivación personal y grupal, creando un sentido de comunidad, familia, una cohesión más profunda que en un equipo de trabajo a secas, y de la disposición a colaborar de manera voluntaria y comprometida. Los trabajadores y colaboradores de este siglo veintiuno no deben ser controlados, deben ser inspirados.

Peter Senge (2007) en su libro La Quinta Disciplina, señala que pocas fuerzas humanas son tan poderosas como una visión compartida, porque crean una sensación de vínculo, y mantiene vivo el deseo de estar conectados con otras personas en una tarea importante dentro de un propósito superior, lo que hace detonar una pasión para hacer lo que sea necesario para alcanzar la visión. Un grupo de personas unidas por una visión compartida son capaces de lograr lo que incluso pareciera imposible .

En las organizaciones los líderes y directivos no deben buscar solo el tiempo laboral, el esfuerzo físico o la tarea de las personas, deben aspirar a contar con el corazón, la pasión, creatividad, iniciativa y compromiso de la gente a su cargo. Permítanme compartir primero una ilustración de autor desconocido y en versión adaptada por mí, y después una vivencia personal.

La primera es la de cuatro obreros que se encontraban colocando tabiques, ladrillos, levantando una pared, un muro, en una construcción. Llega una persona y al verlos trabajando haciendo todos lo mismo, le pregunta al primer obrero, el cual mostraba mal talante: "Hola amigo, ¿que está usted haciendo?", y le responde mal humorado el obrero: "¿que acaso no puede ver?, estoy colocando tabiques", y de inmediato ignora al visitante. Va entonces con el segundo obrero esy le formula la misma pregunta, quien responde escuetamente: "Estoy levantando un muro". Luego con el tercero que estaba concentrado en su labor, este le contestó: "Estamos trabajando atareados en la construcción de esta obra". Al llegar con el último la respuesta del obrero, quien se notaba contento, fue: "Estamos construyendo una hermosa iglesia, donde las personas puedan venir a buscar de Dios y encontrar paz espiritual". Nótese que los cuatro obreros hacían lo mismo, pero no todos tenían clara la idea de propósito y visión de futuro, y por ende sus actitudes y desempeño eran diferentes.

La vivencia que comparto, sucedió en cierta ocasión en un edificio donde se ubicaba la que era mi oficina, al observar trabajar a la señora que realizaba la limpieza, la llamé y al llegar ante mí le solté de pronto una pregunta: "Señora; ¿usted sabe por qué es importante su trabajo?", la mujer se quedó pensativa y dudosa por unos instantes y me respondió con un efusivo "¡Sí!". "Dígame usted", volví a inquirirle, la señora me dijo cándida y rápidamente: "Porque si no trabajo no como". "Tiene usted algo de razón" le dije, "pero esto es algo más amplio y profundo, permítame explicarle" agregué.

"Cuando usted hace la limpieza de todo lo que hay, mantiene las cosas en su lugar, esta oficina, estas instalaciones se ven y perciben limpias, ordenadas, agradables, bonitas, lo cual notan y les causa buena impresión a nuestros visitantes, sean clientes, colaboradores, proveedores, altas personalidades, ¿y sabe qué?, esto es gracias a usted, su trabajo es importante para la empresa, para mí, para mucha gente". La mujer me dijo entre sorprendida y acongojada en voz baja "discúlpeme, eso no lo sabía". "Discúlpeme usted a mí por no habérselo dicho antes" le respondí. Sobra decir que después de esa charla informal la mujer realizaba diligentemente su labor con gran empeño y devoción. El motivo de compartir la ilustración y la vivencia es para dejar en claro que somos los líderes y directivos los que fallamos al no infundir un sentido de propósito ni visión compartida entre la gente de nuestra organización, pareciera que olvidamos que el clima laboral y los resultados son consecuencia del liderazgo existente.

Carlos Llano Cifuentes (2004), en su libro Humildad y Liderazgo atinadamente apunta que el mismo carácter espiritual humano, al tiempo que individualiza al hombre, le señala una finalidad inmaterial, también inconmensurable, un fin último allende cualquier meta material que podría lograr por sí mismo. Llamado en cambio a una finalidad muy superior que lo trasciende, el hombre necesita de los demás para alcanzar ese objetivo que lo supera. Es definitivo, en toda clase de organización necesitamos de otros para alcanzar y superar objetivos, metas, lograr resultados, preferentemente de manera voluntaria y comprometida, eso solo lo consiguen los líderes que son capaces de inspirar a quienes lo rodean.

De nueva cuenta, es imperativo preocuparnos y ocuparnos en motivar e inspirar a la gente en nuestras organizaciones infundiendo en ellos un sentido de propósito y visión compartida, es la única manera en la que todos salimos ganando. .



Comentarios sobre el Artículo

JOSÉ MANUEL GOVEA dice:

05 de febrero de 2018

VISIÓN Y PROPÓSITO JUNTOS, SON EL CEMENTO QUE CREA LA COHESIÓN DURADERA DE LOS GRUPOS Y ORGANIZACIONES. MUY BUENO PASTOR LALO.




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